Un escudo para conocer y sentir

La Asociación de Vecinos ha iniciado una campaña para potenciar la identificación de los algareños con su escudo y para difundir su imagen al exterior. Se trata de una obra de Pedro Esteban García creada en 1996, pero no todos conocen su significado, por lo que vamos a tratar de explicarlo en este artículo.


Interpretación desde la historia: Como los dedos de la mano, cinco son los colores que ostenta el escudo de mi pueblo: azul mar, el color del Mar Menor, la Palus de griegos y romanos, a cuyo cristalino espejo El Algar se asoma desde el balcón privilegiado de la sierra; amarillo dorado, el del sol que cada día nos calienta e ilumina desde su arco celeste, el de los trigales maduros a punto ya para la siega que olean al suave empuje de la brisa; marrón rojizo, de la tierra que pisamos, de las piedras de las torres de vigía, tintas por la sangre de aquellos que, siglos atrás, nos precedieron y murieron defendiéndolas; blanco luminoso, de la pared encalada de los molinos, de sus velas girando al viento, que en la lejanía parecen navíos surcando los mares camino de puertos lejanos; verde, por las raíces morunas de su nombre, que hace referencia a otras lenguas y a otras gentes que nacieron, vivieron y murieron sobre el mismo suelo que hoy lo hacemos nosotros, y cuyos huesos, convertidos ya en fino polvo, reposan para siempre bajo las raíces de palmeras, higueras y algarrobos.

Sobre la tierra rojiza y el mar azul, se alzaron torres para vigía y defensa y molinos para molienda y sacar agua. Por un lado el trabajo en una tierra fértil y generosa, que siempre proporcionó alimento sobrado a quien la trató con mimo y la cuidó. Por otro, la inseguridad, el peligro, la necesidad de estar siempre alerta ante la presencia del enemigo, llegado siempre traicionero desde el otro lado del mar.

Es el símbolo de otra época, de otras gentes rudas y sacrificadas, para las que la adversidad y el peligro eran siempre parte de lo cotidiano. Hoy todo eso es historia y todo son ruinas, las torres de vigía y las torres de los molinos agonizan corroídas por el tiempo, yendo, piedra a piedra, grano a grano, otra vez a formar parte de la tierra de donde antaño fueron levantadas. Son hoy otros los peligros y otras las labores, pero no es conveniente olvidar el pasado como algo ya inservible y sin sentido.

Siempre se ha dicho, como tópico, que la historia se repite y estamos condenados a reproducirla; pero no es la historia en sí la culpable, como algo intrínseco e inevitable, somos nosotros los hombres que la obviamos y la desconocemos, y por eso sí que estamos condenados a repetirla una y otra vez, a veces con lo bueno pero siempre con todo lo malo, y eso, muchos no lo saben, o no quieren saberlo. Acaso..... ni les importe.


Heráldica: Escudo español timbrado de corona mural. En campo de oro, torre de gules sumada de creciente de plata y estandarte de sinople. Molino de velas triangulares de plata. Ambos muebles dimidiados y aclarados de sable. En punta ondas de azur y plata.


 

* Texto elaborado por Pedro Esteban extraído del programa de Fiestas de El Algar 2004.

 

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